La Ciencia y la Tecnología: ¿al servicio del cuidado de los recursos naturales y el medio ambiente?
Sep 02

La Ciencia y la Tecnología: ¿al servicio del cuidado de los recursos naturales y el medio ambiente?

Cada vez encontramos una mayor unanimidad sobre el estado al que ha llegado nuestro planeta en materia de las amenazas y peligros sobre el medio ambiente y nuestra naturaleza. Hace más o menos unos 15 años, aun predominada en algunos la duda y el escepticismo sobre el cambio climático que comenzaba a plantearse. Recordemos en este sentido las críticas que se hacían al Vice-Presidente de los EE.UU Al Gore, las que se dirigían hacia el entonces Presidente Ricardo Lagos, quienes tempranamente advirtieron la amenaza que sufriría nuestro planeta en caso que no se eliminasen o disminuyeran suficientemente las causas de su degradación. Sin embargo, actualmente una gran mayoría está de acuerdo con las siguientes afirmaciones:

  • La biodiversidad está amenazada
  • El cambio climático desequilibra el ecosistema global
  • La contaminación del aire y de los océanos se reconoce como un problema grave

La preocupación ecológica ha experimentado un aumento en la sociedad, lo que ha conducido a la reflexión en cuanto al modelo actual de desarrollo, y si acaso no debiera reformarse si, verdaderamente, aspiramos a evitar el aumento de los problemas de desequilibrio medioambientales.

Se puede observar un cierto acuerdo en la problemática de desequilibrio ecológico que amenaza a nuestro planeta, pero a la vez también puede observarse un desacuerdo profundo en el debate medio ambiental sobre las soluciones a este conflicto: el posicionamiento y los temas que plantea la ciencia y tecnología constituyen un escollo particularmente sensible en este debate.

Las preguntas que debiéramos plantearnos entonces son las siguientes:

  • ¿Puede el desarrollo de la ciencia y de la tecnología lograr resolver los problemas medio ambientales?
  • ¿Debemos renunciar al uso del petróleo y sus derivados, del carbón, e incluso del internet, si queremos verdaderamente evitar la crisis ecológica terminal?

¿La ciencia y la tecnología contra la ecología?

Desde sus orígenes el pensamiento moderno, y particularmente el pensamiento científico, estuvo basado en la creencia de que el progreso, a partir de la ciencia y tecnología, permitiría resolver los diversos e infinitos desafíos de la humanidad. Desde el siglo XVII, filósofos como Francis Bacon o René Descartes pregonaban el pensamiento práctico y racional, basado sobre los inventos que mejorarían la condición humana. En esta dirección pensadores como Auguste Comte desarrollaron una filosofía positivista de la ciencia, a la luz de la cual ciencia y la tecnología debían ser puestas al servicio del hombre para el mejoramiento de sus condiciones de existencia. Ahora bien, a lo largo de la historia de la humanidad no se puede negar que el binomio ciencia-tecnología ha contribuido significativamente en mejorar las condiciones de la vida humana. En todas las disciplinas conocemos beneficiosos ejemplos concretos: en la salud, en el transporte, en la agricultura, en los alimentos, en las comunicaciones, en la enseñanza, etc. Sin embargo, muchas veces desde el medio ambiente, desde el equilibrio ecológico y la defensa de la naturaleza, el desarrollo de la ciencia y la tecnología es vista como una fuente de problemas. Pensemos por un instante, en las grandes y terribles catástrofes ecológicas ligadas a la implementación de tecnologías modernas.

¿El cambio climático?: es un problema provocado por las fuentes de energía como el petróleo, o el carbón.

¿La contaminación del aire y la atmósfera?: Es un problema ligado a los transportes modernos y a las industrias pesadas y de grueso calibre

¿La contaminación de los suelos y de las aguas?: Es una consecuencia de la explotación agrícola moderna y de los productos químicos utilizados en la agricultura y en la industria.

¿El agujero en la capa de ozono?: Es una consecuencia de las emisiones de gas con efecto invernadero.

Y la lista podría continuar. Ya desde hace mucho tiempo se establece con claridad una relación causa-efecto entre ciencia, tecnología y crisis. El filósofo alemán Martin Heidegger cuestionó la metodología y la problemática de la ciencia y de la tecnología. En esta misma dirección, otros filósofos como Hans Jonas, también alemán, o Bernard Charbonneau, francés precursor de la ecología política, emitieron opiniones muy críticas y fuertes sobre la ciencia y la tecnología, haciendo énfasis en el impacto ecológico y humano. Para ellos la ciencia y la tecnología tendría como consecuencia última una dependencia total del hombre, lo que atentaría contra el equilibrio de la naturaleza. En coherencia con lo anterior, el Club de Roma afirmaba durante la década de 1970 que las tecnologías modernas conducirían a agotar los recursos, como el carbón, el fierro, el cobre entre otros, concluyendo que la ciencia y la tecnología “parecen ser de naturaleza anti-ecológica”. Estas corrientes de pensamiento dieron nacimiento a las ideas y movimientos del «decrecimiento», es decir, a la idea de renunciar en parte al desarrollo de la ciencia y de la tecnología como una forma para preservar los equilibrios ecosistémicos en el medio ambiente y en la naturaleza. Este pensamiento se basa en la idea de que el modelo de producción actual nos conducirá irremediablemente hacia un desastre global.

¿Cómo la ciencia y la tecnología podrían resolver los problemas medioambientales?

A pesar de lo anterior, se ha desarrollado una corriente más optimista en el pensamiento ecológico más reciente, la cual básicamente plantea que la solución a los problemas de desequilibrio ecológico residiría, precisamente, en la tecnología. La idea principal es la siguiente: si los problemas medio ambientales son de origen humano y técnico, entonces la solución no puede ser otra que lo proveniente de lo humano y la técnica.

La consecuencia inmediata de este pensamiento ha sido la emergencia de nuevas tecnologías medio ambientales a partir del trabajo científico, vinculadas, por ejemplo:

  • A las algas o las energías marinas;
  • A la energía eólica;
  • A la energía solar;
  • A nuevas formas de transporte, como el vehículo eléctrico;
  • A las nuevas maneras del trabajo como el desarrollo digital e internet o el teletrabajo, tecnologías que se suponen aportarán a conseguir un planeta más sustentable. Hoy día, para muchos ecologistas estas tecnologías junto al big data, los drones, las energías renovables, estiman que van a permitir atenuar y resolver los desequilibrios medio ambientales.

Este pensamiento también tiene sus detractores, quienes consideran que estas nuevas tecnologías medio ambientales conllevan una carga grande de inconvenientes y amenazas:

  • La energía nuclear, por definición una energía limpia desde el punto de vista climático, produce el problema de la gestión de los desechos radioactivos;
  • Las energías renovables plantean el problema del agotamiento de recursos como el silicio necesario para los paneles solares;
  • Los vehículos eléctricos plantean el problema de la explotación y agotamiento del litio para las baterías.

A estos desafíos los partidarios de una “ecología tecnológica sustentable”, como la bióloga mexicana Mayra Gavito o el Dr. Holandés Hans van der Wal, responden que el progreso de la ciencia y de la tecnología permitirá resolver estos problemas, como sucedió con el desarrollo tecnológico que permitió superar el agotamiento del carbón por el petróleo, luego el petróleo por el nuclear y luego por las energías renovables. De esta manera, cada vez más habría un acuerdo en cuanto a que el crecimiento económico y tecnológico es compatible con una ecología para la defensa del medio ambiente y de la naturaleza. Es de este modo que se comenzó a hablar de un «crecimiento verde» y de un desarrollo sustentable, en un contexto más general del convencimiento de que la humanidad, realmente, puede progresar sin límites.

Ciencia, tecnología, ecología y defensa del medio ambiente

En todo caso, puede reconocerse que ambas miradas son bastante simples a la hora de atender la relación compleja entre ciencia, tecnología y medio ambiente. Por una parte, pareciera que el modelo económico productivista y ultra tecnologizado conduce a mediano plazo, e incluso a corto término, a verdaderas crisis generalizadas de tipo ecológico, pero también económico y sociales. Sin embargo, la tecnología aporta también progreso en términos medioambientales: la energía que utilizamos en términos climáticos es cada vez más limpia, las diversas tecnologías son más eficaces, y nuestros transportes son más eficientes.

Pero la ciencia y la tecnología también son útiles ecológicamente hablando, ya que permiten anticipar determinadas situaciones:

  • Los modelos que hoy permiten elaborar escenarios climáticos han nacido a partir de las tecnologías modernas.
  • El Big Data es sin duda la mejor manera de medir nuestro impacto negativo sobre el medio ambiente y avanzar en medidas para reducirlo.
  • Las técnicas de observación modernas ligadas a los satélites y a los drones permiten a la vez de evaluar la evolución del clima y del medio ambiente, pero también permiten prever las acciones nuestras sobre el medio ambiente.

La ciencia y la tecnología también pueden ayudarnos en la tarea de consumir menos tomando conciencia del daño ecológico al consumir determinados alimentos, como por ejemplo la carne de vacuno. En este sentido, los ecologistas optimistas del desarrollo tecnológico estiman que es gracias a los avances de la ciencia y la tecnología que será posible evitar el agotamiento de recursos, como determinados metales, ya que nuevas técnicas de extracción y de reciclaje pueden ser empleadas.

¿Y si la ciencia y la tecnología demoran en llegar para salvar el planeta?

La dificultad mayor ha sido que la ciencia y la tecnología se ha desarrollado de manera independiente del ecosistema medioambiental. La mayoría de los resultados de una investigación y aplicación de éstos, no se hace para responder a un problema ecológico, sino al parecer  para responder a un engranaje económico como la búsqueda y conquista de nuevos mercados. Si fuese así, si la investigación respondiese a la demanda de un engranaje económico, entonces teóricamente sería posible que algún día la tecnología logre una gestión razonable de los desechos nucleares, o del reciclaje del CO2, o permita extraer de manera rentable recursos naturales no explotados. Incluso, sería posible que una «particularidad tecnológica» nos permitiese llegar a producir una cierta energía respetando y no dañando el medio ambiente.

En teoría esta posibilidad hoy ya existe. Desgraciadamente, es muy probable que esto se desarrolle tardíamente con relación a los problemas medioambientales actuales. El tiempo de la ecología y de la economía no son idénticos. Y esto se puede ver frente al cambio climático. Hoy día, la tecnología para producir una energía limpia se encuentra en pleno desarrollo gracias a la emergencia de nuevos mercados: los paneles solares, la energía eólica e hidráulica, entre otras. Pero desde el punto de vista ecológico, parece que es muy tarde ya que las previsiones de organismos como el GIEC, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, organismo de Naciones Unidas, nos anuncia que con los niveles de carbono que actualmente se acumulan en la atmósfera, el calentamiento del planeta ya ha provocado consecuencias extremadamente nefastas: derretimiento de glaciares, acidificación de los océanos, huracanes, lluvias intensas, temperaturas por sobre la media normal. Desgraciadamente, estas nuevas tecnologías energéticas no han permitido poner término a la explotación del petróleo y del carbón, los principales elementos causantes de los daños ambientales.

La pérdida de la biodiversidad que hoy en día se desarrolla a un ritmo vertiginoso, incluso más rápido que en los peores periodos de extinción del planeta, o la contaminación del aire, que mata cada año a millones de personas, no ha conducido al sector privado a innovar para encontrar e implementar nuevas tecnologías. Y puede ser que cuando este mercado exista, ya sea demasiado tarde. En general la ciencia y la tecnología han tenido una mirada a corto plazo y a pequeña escala, de manera mono-disciplinaria, en lugar de una mirada a largo plazo y a gran escala. Es cierto que lo anterior ha permitido obtener una impresionante cantidad de conocimiento e información hiperespecializado, permitiendo llevar a cabo la implementación de tecnologías útiles, particularmente en el siglo XX. Pero este desarrollo ha traído a la vez muchos problemas, los cuales no encontrarán una solución si la ciencia y la tecnología no se aproximan a una mirada más holística.

El resultado del trabajo científico debe ser aplicado a escalas convenientes y equilibradas para el desarrollo humano. Se debiera examinar las consecuencias de las intervenciones tecnológicas sobre los individuos, las colectividades y el medio ambiente, para lo cual la ciencia debe tener una aproximación multidisciplinaria y los científicos debieran avanzar en la colaboración entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. Esta aproximación exige también que las ciencias denominadas duras, acepten la contribución de las humanidades como la Historia y la Filosofía, de las dinámicas a nivel territorial, de la sabiduría de los pueblos autóctonos y de la gran diversidad de valores culturales.

La ciencia cada vez tiene más y más influencia sobre la vida de la gente, y las ventajas de ella para la humanidad no tienen precedentes. Pero los impactos han sido nefastos y muchas veces irreparables, lo que provoca un temor y desconfianza hacia la ciencia y la tecnología. Los individuos y colectividades creen que ellos serán las víctimas directas de la investigación e innovación, por ejemplo: en el transporte, en el comercio, en la extracción de minerales, en la telemedicina, entre tantos otros.

El poder de la ciencia para cambiar las cosas, impone a los científicos la obligación de actuar con prudencia y humildad en sus acciones y en su discurso. Los científicos deben reflexionar sobre las consecuencias sociales de la aplicación de sus investigaciones, y explicar al público y a los encargados de la toma de decisiones, aquella parte de la investigación que es de incertidumbre en su aplicación. Paralelamente, no deben dudar para explotar la capacidad previsional de la ciencia, para acompañar a la gente a adaptarse al cambio en el medio ambiente, y particularmente en el caso de las amenazas directas como las catástrofes naturales o la escasez de agua.

Por otra parte, la tendencia hacia la privatización en numerosos países tiene también efectos sobre el objeto y la práctica de la ciencia. En determinados casos, puede conducir a un aumento de la investigación y del conocimiento en algunas disciplinas, pero existe un temor a debilitar la ciencia y su desarrollo, en algunos temas orientados a resolver problemas que tienen una importancia social, pero que no constituyen un interés comercial y de rentabilidad al mundo privado.

En los últimos años la globalización ha venido a modelar una de las características modernas de la ciencia. El fin de la guerra fría, la creciente necesidad de tecnología en los países emergentes, la interconectividad de los sistemas biofísicos del planeta, los avances en las comunicaciones con la ayuda de Internet, todos estos factores favorecen la colaboración científica entre los países, entre los investigadores individuales. Sin embargo, este aspecto se desarrolla principalmente en un puñado de países científicamente avanzados. Para que la ciencia verdaderamente se mundialice, se deberá realizar esfuerzos para que todos los países, ricos y pobres, y el abanico casi infinito de culturas en el mundo, participen en la investigación basada en la colaboración y en las transferencias tecnológicas. Esto es particularmente importante y urgente de llevarlo a cabo en el tema del cambio climático mundial que está repercutiendo a todos los habitantes de nuestro planeta.

Conclusiones

La humanidad se enfrenta hoy a una situación alarmante, que no ha tenido precedente alguno a lo largo de toda su historia. La degradación ambiental, incluyendo la pérdida acelerada de biodiversidad y el cambio climático global sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX, son hechos demostrables e inquietantes. Basta mencionar, por ejemplo, el incremento exponencial de las especies extintas desde inicios del siglo XX a la fecha, con similar tendencia en la pérdida de biomasa de bosques tropicales cruciales para la regulación del clima y de la atmósfera terrestre.

El desafío mayor al que nos enfrentamos como humanidad, probablemente el cambio más importante desde hace milenios, desde el fin de la última glaciación, conlleva también el diseño de nuevas formas de gestión que impliquen una mayor participación y horizontalidad en la toma de decisiones medioambientales. Nuestro país ha avanzado en adscribir acuerdos internacionales que buscan mitigar el cambio global y la degradación del medio ambiente, con el diseño de estrategias para mitigar el impacto del cambio climático y potenciar la transformación energética. Pero, poco se ha avanzado en materia del aseguramiento constitucional del derecho a un medio ambiente sano. Chile está en condiciones privilegiadas para enfrentar los cambios y es una oportunidad para crear conocimiento, formar profesionales y desarrollar una economía sostenible necesaria para la viabilidad de los ecosistemas y de la humanidad. Ejemplo de esto son (i) la generación de energía utilizando fuentes renovables no convencionales; y (ii) la riqueza mineral de litio, cobalto y cobre que son las materias primas para producir las baterías necesarias para el almacenamiento de energía. Esta energía se podrá utilizar para alimentar procesos de tratamiento de aguas servidas, plantas de desalinización y aumentar la superficie de tierras cultivables mediante riego tecnificado y equilibrado.

La geografía de Chile facilita tomar agua desde el océano, desalinizar e impulsarla mediante bombas hacia el interior, surtiendo ciudades y campos para el desarrollo de la agricultura y la reforestación. También se debe considerar la conservación de parques y zonas protegidas en el océano. Todo esto contribuye a disminuir los gases invernaderos, mejorar la tierra cultivable y aumentar la producción de alimentos e iniciar un proceso de transición ecológica.

El gran desafío que tenemos debiera basarse en tres grandes pilares: Sabiduría, Fuerza y Belleza.

  • La Sabiduría, para aportar las mejores ideas generadoras de los cambios y la inteligencia para concebir los proyectos de desarrollo medioambientales sustentables.
  • La Fuerza, necesaria para ejecutar el trabajo de estos proyectos, superando los riesgos y restricciones.
  • La Belleza, que coordina cada uno de los elementos en armonía y sincronía con el entorno de los proyectos medioambientales.

La ciencia, la tecnología y la ecología no necesariamente son incompatibles, pero tienen ritmos diferentes. Hoy, es difícil creer que llegaremos a proteger el medio ambiente a este nivel de desarrollo de los sistemas de producción, de distribución y de consumo. Si queremos verdaderamente hacer frente a esta realidad, debemos meditar, analizar y encontrar aquellos puntos críticos que han sido afectados en nuestro ecosistema, los cuales están desatando la destrucción de nuestro medio ambiente y de la naturaleza, con el fin de superarlos.

Y para construir y desarrollar nuevos ecosistemas, debiéramos practicar una vida más sobria, y en equilibrio con la naturaleza, tomando conciencia de la altura del desafío. Ciencia y tecnología deben situarse al servicio de la sobriedad, de la humildad, y de la naturaleza, en pos del beneficio último de toda la humanidad.

 

Lautaro Lefno Muñoz es miembro colaborador de la Corporación de Investigaciones Sociales (CISO)