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El huevo de la serpiente: Washington ante la victoria de Bolsonaro

Ivan Witker

(PUBLICADO EN EL MOSTRADOR)

Varios temas internacionales ayudan a explicar la contundente victoria de Bolsonaro por lo que muy relevantes serán los énfasis y las personas que lo acompañarán en su gestión en materia de política exterior. Las opciones que Bolsonaro tiene sobre la mesa son diversas, aunque es muy probable que brinde un extraordinario golpe político designando como canciller a una mujer, lo que ocurriría por primera vez en la historia de Brasil.

El nombre más recurrente es el de Ana Amelia Lemos, una periodista y senadora desde 2010 por Río Grande do Sul, dirigiendo la comisión de relaciones exteriores; es militante del Partido Progresista y acompañó como candidata a vicepresidenta a Geraldo Alckmin. Ella, sin dudas, le abriría al nuevo presidente un amplio espacio de apoyo político aminorando de paso las críticas de misoginia que le han hecho. Lemos ha destacado por sus críticas a la mano blanda del lulismo en el combate al crimen organizado y ha mantenido por años una buena relación con Bolsonaro.

Otras voces que le aconsejan designar una mujer, se pronuncian por María Luiza Ribeiro Viotti (de vasta trayectoria en la ONU y jefa de gabinete del Secretario General) o por María Nazareth Farani de Azevedo (representante allí de Brasil).

Por otro lado, en su entorno hay otros que privilegian la idea de crear un núcleo presidencial fuerte y de confianza total en las principales carteras. Ahí se sugiere al diplomático Ernesto Fraga Araújo (actual jefe de la Dirección EEUU/Canadá en la cancillería y principal promotor de la candidatura de Bolsonaro en el ministerio). En esta misma línea, otros sugieren a Luiz Philippe de Orléans e Bragança, diputado electo por el PSL, descendiente de la casa real y por años colaborador de Bolsonaro. Sin embargo, éste es uno de los más acérrimos críticos de Mercosur y el electo presidente no tiene definida aún qué tipo de re-estructuración aplicará al bloque. Orleans propugna su transformación en zona de libre comercio, lo que tendría durísimas consecuencias en el comercio exterior argentino, especialmente la venta de manufacturas y automóviles. Es por eso que Bolsonaro se puso en contacto varias veces con Macri durante la semana pasada. Finalmente, también circula el nombre de Luiz Fernando Serra, cuya designación debiera interpretarse como mensaje de acercamiento a países BRICS y una cierta continuación de lo construido hasta ahora en esa línea.

En vista que los generales que acompañan a Bolsonaro (el llamado Grupo de Brasilia) son determinantes, lo más probable es que canciller termine siendo Ana Amelia Lemos o Fraga Araújo, pues tanto ellos, como el mismo presidente electo, fueron formados en la escuela geopolítica brasileña de Terezinha de Castro (quien ofreció algunas conferencias en Santiago en 1997), Golbery do Couto e Silva, Meira Mattos y Mario Travassos, para quienes la proyección de poder de un país se mide según la convergencia/divergencia que exista entre las políticas exterior y de defensa. En esta cartera estará el general Augusto Heleno. Por lo tanto, el trasfondo geopolítico más el contexto global y el necesario contraste con las prioridades que tuvo el lulismo, indican que ahora la relación con Washington será absolutamente prioritaria.

Por eso, Bolsonaro y especialmente el general Augusto Heleno, tienen claro que la proyección internacional del país requiere de ajustes importantes y entre otros dejar atrás desvaríos inconducentes, tan visibles en los años previos, como las aventuras en favor de Irán o el apoyo a Gaddafi en Libia o el apoyo al Foro de Sao de Sao Paulo, cuyas estridencias son del todo incompatibles con la visión que se ha impuesto de manera tan categórica. Especial daño a la imagen externa de Brasil ocasionó el papel secundario y auto-contenido en los asuntos hemisféricos adoptados frente a crisis regionales graves, como Honduras 2009 o Paraguay en 2012, e incomprensible para la estatura estratégica del país. Se trata de una actitud de la que Bolsonaro y el Grupo de Brasilia han hecho responsable a Celso Amorim. Además han aprendido que si Brasil desea aspirar en serio a tener voz determinante en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene que alcanzar previamente un acuerdo estratégico con Washington. A modo de ejemplo, la India comprendió la importancia de esa bilateralidad para obtener reconocimiento a su programa nuclear durante la era Bush Jr. En principio, ese camino se ve menos pedregoso que una salida de la ONU.

Aquí cobra centralidad la última visita a Brasil del secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, en agosto de este año, donde ambas partes fueron explícitas en una cooperación estratégica más estrecha. Por ejemplo, un tema muy sensible para el desarrollo espacial estadounidense es encontrar a la brevedad un lugar donde emplazar un nuevo centro de lanzamiento de naves. Los brasileños tienen sub-utilizada la base Alcántara, la cual por su localización cerca del ecuador, resulta óptima para los planes estadounidenses. Alcántara fue tema central de la alocución de Mattis en el Colegio de Guerra de Río de Janeiro durante su visita. En esta línea no debe extrañar si designa ministro de Ciencia y Tecnología al comandante de la Fuerza Aérea, Marcos Pontes, el popular astronauta brasileño (formado en el centro espacial Lyndon Johnson), que el 2006 viajó a la estación espacial internacional y apoya a Bolsonaro desde hace meses.

Por lo tanto, la sintonía política y la cercanía tradicional entre ambas FFAA podrían ser el puntapié inicial a una suerte de reparación histórica que los brasileños sienten no se ha hecho por diferentes circunstancias globales, respecto a su fuerte apoyo en combate y logístico a los aliados durante la II Guerra Mundial.

Es curioso lo ocurrido, pues en aquellos años la cuarta flota de la marina estadounidense tuvo en Natal su más grande base en el extranjero, en tanto que la fuerza aérea operaba en Recife una base muy importante para sus misiones.

Quizás fueron las ambiciones algo desmedidas de Brasil en las décadas pasadas (especialmente la de desarrollar armas nucleares) y la falta de sintonía política con Washington lo que los distanció. Ahora, la percepción más realista que predomina entre los generales del llamado Grupo de Brasilia será la que lleve a ambos países a una convergencia con bastantes consecuencias para el resto del hemisferio. Hay que recordar que un particular ascendiente tiene hoy el general Heleno, quien en su momento apoyó los esfuerzos nucleares de Ernesto Geisel y hoy sabe que el ascenso de Brasil a potencia mundial no pasa necesariamente por los vericuetos del dominio del átomo.

Es dable anticipar que no será una retórica nacionalista o gestos unificadores de índole doméstica los que medirán el éxito de Bolsonaro. El gana en una coyuntura muy distinta a la de sus predecesores por lo que su test de éxito se medirá por otras variables. De Cardoso se esperaba que ordenara el país. De Lula, por su origen y trayectoria, que diera señales de no tirar por la borda el plan real instaurado por Cardoso. En Bolsonaro jugará un papel relevante lo que haga en términos estratégicos y al parecer es muy consciente de ello. No en vano, siendo candidato, dijo sin titubeos que avanzará en estas materias con la administración Trump, incluyendo cuestiones no exentas de polémica como el traslado de la embajada brasileña en Israel hacia Jerusalén y, como sería lógico, pasos enérgicos frente al drama venezolano.

Es curioso lo que se puede configurar ahora en Brasil, donde veremos un Estado más fuerte, a diferencia de Lula, donde la política del país irradiaba a partir de su persona y su partido. Es curioso, porque muchas de las innovaciones en materia externa tendrán como sello a militares y resulta que el único país latinoamericano donde la figura del Estado no la encarna un militar, es justamente Brasil. Es un civil, José María Paranhos, el popular barón del Río Branco, gracias a quien Brasil no sólo adquirió la configuración geográfica actual sino obtuvo el reconocimiento internacional definitivo, de sus vecinos y de las principales potencias de inicio de siglo.

La victoria electoral de Jair Bolsonaro reúne características bien excepcionales en la historia política reciente de América Latina e independientemente de cómo se desarrolle y cómo termine, ya ha generado un hito. Derechas e izquierdas deberán re-acomodarse.

El mensaje de los brasileños parece ser una demanda perentoria al nuevo establishment que se gestará en orden a que finalmente “llegue el futuro”, haciendo alusión al escrito de Stefan Zweig, un judío austríaco que llegó a Río huyendo de los nazis en 1940 y escribió Brasil el país del futuro. El chiste por décadas en Brasil ha apuntado a que, “desde entonces lo sigue siendo”.

En su afamada película El huevo de la serpiente, Ingmar Bergman recrea imágenes de la Europa de los años 20 confrontándose con la idea de que un determinado curso de acontecimientos es absolutamente previsible pese a la negativa de algunos a admitirlo. Son muchos los indicios que apuntan a una convergencia Brasilia/Washington de la mano de dos líderes políticos fuera de lo común, que han sabido traducir discursos flamígeros en un inmenso caudal de votos y anotarse victorias que casi nadie creía posible.

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